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Fotografía: www.costamediterránea.com

Desde el respeto a la historia y su patrimonio monumental, la ciudad de Peñíscola es hoy, gracias al esfuerzo de sus habitantes y la gestión del Ayuntamiento, una referencia singular en el mapa turístico mediterráneo y una población con las bases bien cimentadas para asumir el reto del futuro.

La potenciación y apoyo a la realización de eventos de gran calidad e interés cultural, como puede ser el Premio de Relatos Breves, Festival I. de Cinema de Comedia, el Festival I. de Música Antigua y Barroca, Ciclo de Teatro Clásico, Ciclo de Música Clásica, …pone también de manifiesto esta apuesta por el desarrollo turístico y mejora de la calidad de nuestro destino.

La silueta de Peñíscola , ciudad en el mar, configura en sí misma un símbolo inconfundible en el paisaje mediterráneo. El casco antiguo, de casas blancas y estrechas que conservan todo el encanto de su época, protegido aún por las monumentales murallas medievales, está unido a tierra por un istmo arenoso.

Esta pintoresca península, que se eleva sobre una peña rocosa de 70m de altura, está coronada por un castillo del s.XIV, que fue fortaleza templaria y después residencia del Papa Benedicto XIII.

Para el peñiscolano, los frutos del mar han sido siempre un don valioso; es por esto que ha desarrollado una exquisita sensibilidad a la hora de cocinarlo, buscando siempre dejar al descubierto los aromas y sabores naturales de una pesca de extraordinaria calidad.

Son proverbiales en la cocina peñiscolana los “All-i-pebre” de rape o pulpitos, el “suquet de peix” o “remesclo”, así como los mariscos, langostinos, dátiles de mar, caracoles de mar, mejillones, “caixetes”, “cigalas”, ..

Los diferentes arroces en sus variedades marineras, la omnipresente Paella y la Fideuà, también son parte fundamental de la dieta de estas tierras.